¿Quién educa? ¿La familia o la Escuela? ¿Quién enseña? ¿La familia o la escuela? ¿La familia educa y la escuela enseña? ¿Al revés? ¿Tod@s un poco?

Muy probablemente haya usted formado parte de una discusión o debate sobre cuál es el papel y la medida de la escuela y de la familia en la educación de l@s niñ@s. Las posibilidades de respuesta varían mucho: unas familias conceden todo el poder sobre la escuela; otras, sin embargo, desean asumir todo el peso. Entre estas dos opciones, existen todos los grados intermedios donde, con seguridad, se encuentra la verdadera respuesta. De ahí la necesidad de establecer una buena comunicación entre ambas partes para llegar a un acuerdo. La colaboración es la mejor estrategia de trabajo.

La investigación actual nos ofrece la posibilidad de formarnos una idea de los atributos de las familias que cultivan el concepto de colaboración con la escuela, y viceversa.

Los atributos de las familias que favorecen el establecimiento de acuerdos con la escuela son: la armonía familiar, tanto de padres separados como no separados, mostrar afecto, la disposición hacia la colaboración, ser capaces de enfocarse en las necesidades de l@s niñ@s, la habilidad de escuchar, la constancia, utilizar una disciplina positiva y una postura abierta respecto a las ideas ajenas (Swick, 1991). Schaefer (1985) ha notado que las madres y padres con una autoestima fuerte son más constantes en su participación en actividades familiares y escolares.

Sin embargo, no todos las familias alcanzan el nivel de competencia en términos de los atributos necesarios para formar pactos con l@s maestr@s de sus hij@s. En estos casos se hace más importante que desde la escuela se favorezcan entornos abiertos a la colaboración.

Los atributos de l@s maestr@s que influyen positivamente en la formación de pactos con las familias son: mostrar afecto, la disposición hacia la colaboración, ser dignos de confianza, ser capaces de organizar a su grupo de alumn@s con técnicas de enseñanza eficaces, un sentido de eficacia y competencia personales, ser capaces de enfocarse en las necesidades de l@s niñ@s, la habilidad de escuchar, la constancia, una imagen personal positiva y utilizar una disciplina positiva (Comer y Haynes, 1991).

Los resultados de estas investigaciones sugieren que cuando las familias perciben un ambiente positivo que los invita a entrar, muestran un comportamiento afectivo y de apoyo en sus interacciones con l@s maestr@s y también aumenta su participación en las actividades escolares de sus hij@s (Comer y Haynes, 1991).

¿Qué podemos hacer para fomentar esta comunicación para la colaboración?

Desde la escuela: informar de los medios de comunicación existentes en el centro, establecer horarios de tutorías, elaborar escuelas de madres y padres, programar actividades en las que las familias puedan colaborar, establecer conjuntamente con las familias los objetivos para cada niñ@, colaborar en las decisiones importantes, programar actividades extraescolares con las familias o para las familias, utilizar las nuevas tecnologías que ofrecen usos muy creativos…

Por parte de la familia: mostrar interés en conocer los nexos de comunicación con la escuela, preocuparse de la disponibilidad de tutorías y hacer uso y no abuso de las mismas, participar de las actividades que se programan, colaborar con l@s maestr@s cuando ést@s lo soliciten, involucrarse en las decisiones importantes, participar de los programas educativos de escuelas de madres y padres…

Y, por último, la mejor de las comunicaciones: la comunicación cara a cara, siempre que sea posible y el asunto sea importante.

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